lunes, febrero 14, 2005

 
ERETZ CROMAÑON

Por Daniel Nainstein


“una nación que no respeta ni honra la vida de sus ciudadanos y los sacrifica, no es digna de ser llamada nación, y yo no quiero vivir en ella”
Eli Moyal (alcalde de Sderot)

a) Buenos Aires, Argentina, 30 de diciembre del 2004, barrio de Once, lugar: Republica
de Cromañon, jóvenes viviendo una autentica fiesta al ritmo de Callejeros.
Repentinamente la fiesta se transforma en tragedia y las estadísticas de muerte
comienzan a engrosarse truncando repentinamente y sin ningún motivo, esperanzas,
sueños e ilusiones no solamente de ellos sino de todos sus amigos, familia, etc.

b) Sderot, Israel, 15 de enero del 2005. Una típica tarde apacible de sábado. De pronto
uno de los famosos tristemente celebres Kasamim, cae sobre un sector urbano de la
ciudad, alcanzando de lleno a una niña de apenas de 15 años, dejándola muy
malherida y también truncándole sueños e ilusiones comunes a todo adolescente.

Hasta aquí el relato de dos hechos producidos en dos lugares muy distantes, sin aparente relación entre ellos pero con un delgado pero perceptible hilo conductor.
En Buenos Aires es una bengala, en Sderot es un misil. Ellos dos simplemente representan el instrumento con el cual fue causado el dolor, pero cada uno de estos hechos esconde detrás de si algo esencialmente profundo como es la falta de respeto de un Estado a la vida de sus ciudadanos. Se acuerdan de la tragedia del supermercado en Asunción, Paraguay? la misma historia.

Vivimos en un Estado de Derecho, y en ese Estado tenemos un gobierno que nos representa y que esta obligado a velar por todos sus habitantes, pero. . . . el gobierno esta compuesto por "políticos", una aparente nueva casta social que como tal tiene sus propias necesidades y que por lo visto van a contramano de las nuestras. Ellos siempre están enfrascados en sus luchas de poder, en sus internas permanentes, en la obtención de cargos porque si (ej. de ello la cantidad de “ministros sin cartera”, que soportamos) y esta permanente lucha por el poder hace que los problemas de la gente común no posean significación alguna.

Esta desidia hace que en Buenos Aires, no se controle como es debido un lugar de acceso multitudinario, o lo que es peor las leyes del mercado y de la maximización de los beneficios hagan que no se invierta en lo mas elemental como la seguridad de los concurrentes a ese sitio, total, que puede pasar? Pero pasa, y así encontramos luego salidas de emergencia bloqueadas, baños improvisados en guarderías, carencia de servicios de emergencia, y mas y mas y mas. . . . . .

Esta desidia hace que en Sderot (total, es una ciudad de la periferia), no se le pueda brindar seguridad a sus habitantes, por razones vaya a saber cuales. Total que importancia tiene una criatura de 15 años?, tanto lío por un herido.

En Buenos Aires, el presidente de vacaciones, festejando el fin de año por supuesto en un silencio absoluto. En Sderot nadie de los máximos dirigentes del Estado haciéndose presentes. Claro, me olvidaba que a los políticos les gusta que los aplaudan y no son capaces de plantarse ante quien pide y exige respuestas, porque es su derecho (el derecho a la vida. Se acuerdan de la Ley Fundamental? ).

La desidia de la cual hablábamos hace que la educación no sea prioritaria, que los enfermos no tengan camas en los hospitales y estén en los pasillos a la vista de todos vulnerando algo tan esencial como su privacidad, que se reduzcan las pensiones a la vejez, en fin, que todo se tome con un sentido estrictamente fiscalista, y lo que no da ganancia no sirve y tiene que desaparecer.

Este Estado de Israel, que nos cobija, nació bajo la creencia absoluta en los valores de solidaridad social, respeto al semejante y honor a la vida; pareciera ser que hoy estos valores están siendo peligrosamente dejados de lado provocando así un profundo deterioro social, en el cual se entra rápidamente y no tan fácil se sale.

Es así como advertimos peligrosos puntos de contacto entre dos remotas regiones ubicadas en distintos hemisferios, en los cuales en uno de ellos (Argentina), la implementación de una política económica deshumanizada convirtió a esa nación en un “sálvese quien pueda”. La falta de respeto, entre otras causas, fue uno de los factores decisivos para elegir emigrar a Israel y duele mucho ver como esa falta de respeto ya vivida vuelve a repetirse ante la mirada impasible de los factores de poder, tratando de explicar lo inexplicable a través de estadísticas sin advertir que detrás de cada cifra hay un ser humano.

Es mi deseo vivir en ERETZ ISRAEL y no en ERETZ CROMAÑON.
Es mi deseo que podamos decirle al alcalde de Sderot que se equivoca, que esta nación merece ser vivida.

Comments:
“De los que siempre gritaron y nadie escuchó”

Argentina Post Cromañón. Muchas hojas, muchos diarios, revistas, horas de éter en charlas, opiniones, acusaciones. Justicias divinas y terrenales, abogados y sacerdotes. Jueces que nadie eligió para que nos juzguen, leyes que al nacer uno no se nos pregunta si queremos obedecer, ciudadanías que se nos imponen, códigos que ni entendemos. Procedimientos. Presión. Y nadie, nadie que pregunta por qué a muchos de los que estábamos ahí adentro nos gustaba Callejeros. Por qué fuimos da lo mismo, era lo mismo un cine, una disco, un concierto en el Colón o una cancha de fútbol. Para muchos da lo mismo, todo es negocio, todo es leyes, todos buscan poder encerrar a la libertad y sacarle un poco de verdad.
No quiero hablar por muchos, no quiero hablar por nadie. Hace mucho tiempo que escucho voces y ni una palabra y estoy cansado de ver un montón de caras y ni una mirada. A partir de ahora todo lo que diga va a salir de mis ideas, de mis dolores y alegrías. Yo escribo, aunque creo que estas letras las están tecleando muchos.
En Callejeros encontré una música potente como hacía mucho no escuchaba en bandas de rock. Sé que tengo 28 y alejado estoy, pero en la mía. Me cansé de festejos pseudorockeros y básicamente marketineros. Quería escuchar una idea y en Callejeros encontré muchas que me satisfacían, que eran parecidas a las que aparecían en el silencio de una almohada. Uno nunca sabe quién es el que te canta, el que te escribe, el que te conmueve con alguna película, pero uno intuye y así va haciendo sus gustos. Y Callejeros era, o es, una banda que estaba básicamente al margen. Que en sus obras se oponían a las justicias divinas y terrenales, a los abogados y sacerdotes, a los jueces y a toda la idea del sistema en el que vivimos. Fantasía o realidad, a esta historia le da igual. Me sorprendió que muchos de los chicos a los que doblaba en edad eligieran esa banda como su banda. Me sorprendió gratamente que canten sus canciones, que se interesen y sientan el poder de sus letras, aunque más no sea por dos horas a $10. Qué se le va a hacer, termina el show y el Sistema está ahí. No se lo puede cambiar aunque uno quiera. El bondi sigue saliendo 0,80. El tema es que esta vez el sistema se metió ahí adentro, ahogó y mató a muchos, nos sacudió a otros; el único que no se sintió atacado es el Sistema. Solamente mutó un poquito como el camaleón. Cambió un par de piezas en su estructura de poder, sacó un corrupto de Capital y puso un asesino de puentes de Provincia. Y nos dio a sus esbirros para que nos defiendan, para que hagan justicia. Abogados. Ahora ¿que es la justicia? Tanta discusión filosófica por años y llego a pensar que en realidad no existe. Simple, no existe. Muere un hijo y el sistema trata de hacer justicias; en el mejor de los casos mete preso al asesino, lo aísla, lo encierra. En otro caso, te da parte de lo único que le interesa: dinero. Pero tu hijo murió y el proceso lo único que hace es diferir el dolor, entretenerte con un proceso largo y “justo”, sabiendo que la reparación nunca llegará. Pero el ser humano moderno no puede admitir que no todo se puede solucionar. La modernidad no soluciona todo. No se puede hacer que la gente de mierda esté muerta y los buenos vivos.
¿Y cuál es la solución dirán muchos?. No la sé, y no creo que la haya. Por lo pronto trato de juntarme con los que me quieren y quiero, salir de los jueces, abogados, contadores y someterme al Poder lo menos posible, sólo lo necesario para obtener los medios para juntarme con los que quiero y me quieren. Otra idea es irse con los que uno quiere y armar un lugar donde las cosas sean más simples, donde Gardel vaya a tocar con Bob Marley en la plaza del barrio. Volver a las pequeñas comunidades, empezar de nuevo.
Después de Cromañón comprobé que la masividad es mala. No puede haber bandas que toquen para 3000, 4000 personas. No puede haber alguien arriba de un escenario que evangelice a la masa que siempre se convierte en irracional. Que no tiene nombre, que no es nadie y que se prende fuego. Pero esto no lo va a decir nadie desde los medios ni de las asambleas, ni de las comisiones porque la masividad es la base de las ciudades y del sistema.
Sí, ya sé; muchos dirán a este pibe el monóxido lo dejó mal, porque no encerramos a Ibarra, a Kirchner y a Bush y demostramos que el pueblo unido jamás será vencido. Puede ser que el monóxido me haya hecho mal, pero creo que no alcanza, con el Poder van a pasar segundos hasta que surja el nuevo Ibarra, el nuevo Kirchner, el nuevo Bush. Y esto era lo que sentía al escuchar a Callejeros, hasta que el sistema se nos metió.
Ariel Fernández

Nota: las palabras en negrita son tomadas de letras de Callejeros.
 
“De los que siempre gritaron y nadie escuchó”

Argentina Post Cromañón. Muchas hojas, muchos diarios, revistas, horas de éter en charlas, opiniones, acusaciones. Justicias divinas y terrenales, abogados y sacerdotes. Jueces que nadie eligió para que nos juzguen, leyes que al nacer uno no se nos pregunta si queremos obedecer, ciudadanías que se nos imponen, códigos que ni entendemos. Procedimientos. Presión. Y nadie, nadie que pregunta por qué a muchos de los que estábamos ahí adentro nos gustaba Callejeros. Por qué fuimos da lo mismo, era lo mismo un cine, una disco, un concierto en el Colón o una cancha de fútbol. Para muchos da lo mismo, todo es negocio, todo es leyes, todos buscan poder encerrar a la libertad y sacarle un poco de verdad.
No quiero hablar por muchos, no quiero hablar por nadie. Hace mucho tiempo que escucho voces y ni una palabra y estoy cansado de ver un montón de caras y ni una mirada. A partir de ahora todo lo que diga va a salir de mis ideas, de mis dolores y alegrías. Yo escribo, aunque creo que estas letras las están tecleando muchos.
En Callejeros encontré una música potente como hacía mucho no escuchaba en bandas de rock. Sé que tengo 28 y alejado estoy, pero en la mía. Me cansé de festejos pseudorockeros y básicamente marketineros. Quería escuchar una idea y en Callejeros encontré muchas que me satisfacían, que eran parecidas a las que aparecían en el silencio de una almohada. Uno nunca sabe quién es el que te canta, el que te escribe, el que te conmueve con alguna película, pero uno intuye y así va haciendo sus gustos. Y Callejeros era, o es, una banda que estaba básicamente al margen. Que en sus obras se oponían a las justicias divinas y terrenales, a los abogados y sacerdotes, a los jueces y a toda la idea del sistema en el que vivimos. Fantasía o realidad, a esta historia le da igual. Me sorprendió que muchos de los chicos a los que doblaba en edad eligieran esa banda como su banda. Me sorprendió gratamente que canten sus canciones, que se interesen y sientan el poder de sus letras, aunque más no sea por dos horas a $10. Qué se le va a hacer, termina el show y el Sistema está ahí. No se lo puede cambiar aunque uno quiera. El bondi sigue saliendo 0,80. El tema es que esta vez el sistema se metió ahí adentro, ahogó y mató a muchos, nos sacudió a otros; el único que no se sintió atacado es el Sistema. Solamente mutó un poquito como el camaleón. Cambió un par de piezas en su estructura de poder, sacó un corrupto de Capital y puso un asesino de puentes de Provincia. Y nos dio a sus esbirros para que nos defiendan, para que hagan justicia. Abogados. Ahora ¿que es la justicia? Tanta discusión filosófica por años y llego a pensar que en realidad no existe. Simple, no existe. Muere un hijo y el sistema trata de hacer justicias; en el mejor de los casos mete preso al asesino, lo aísla, lo encierra. En otro caso, te da parte de lo único que le interesa: dinero. Pero tu hijo murió y el proceso lo único que hace es diferir el dolor, entretenerte con un proceso largo y “justo”, sabiendo que la reparación nunca llegará. Pero el ser humano moderno no puede admitir que no todo se puede solucionar. La modernidad no soluciona todo. No se puede hacer que la gente de mierda esté muerta y los buenos vivos.
¿Y cuál es la solución dirán muchos?. No la sé, y no creo que la haya. Por lo pronto trato de juntarme con los que me quieren y quiero, salir de los jueces, abogados, contadores y someterme al Poder lo menos posible, sólo lo necesario para obtener los medios para juntarme con los que quiero y me quieren. Otra idea es irse con los que uno quiere y armar un lugar donde las cosas sean más simples, donde Gardel vaya a tocar con Bob Marley en la plaza del barrio. Volver a las pequeñas comunidades, empezar de nuevo.
Después de Cromañón comprobé que la masividad es mala. No puede haber bandas que toquen para 3000, 4000 personas. No puede haber alguien arriba de un escenario que evangelice a la masa que siempre se convierte en irracional. Que no tiene nombre, que no es nadie y que se prende fuego. Pero esto no lo va a decir nadie desde los medios ni de las asambleas, ni de las comisiones porque la masividad es la base de las ciudades y del sistema.
Sí, ya sé; muchos dirán a este pibe el monóxido lo dejó mal, porque no encerramos a Ibarra, a Kirchner y a Bush y demostramos que el pueblo unido jamás será vencido. Puede ser que el monóxido me haya hecho mal, pero creo que no alcanza, con el Poder van a pasar segundos hasta que surja el nuevo Ibarra, el nuevo Kirchner, el nuevo Bush. Y esto era lo que sentía al escuchar a Callejeros, hasta que el sistema se nos metió.
Ariel Fernández

Nota: las palabras en negrita son tomadas de letras de Callejeros.
 
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